Mientras el gobierno de Dilma Rousseff se preparaba para acoger la Conferencia de las Naciones Unidas Río+20 Cumbre de la Tierra, 3 mil kilómetros al norte indígenas amazónicos, campesinos, pescadores, activistas y pobladores afectados por la construcción del proyecto de Presa Belo Monte comenzaban la ocupación simbólica y pacífica del sitio de obras para liberar al río Xingú, según reporte de International Rivers proveniente de Altamira, Brasil.
En horas de la madrugada, 300 mujeres y niños arribaron por la carretera transamazónica al sitio donde se realizan obras de la presa que impiden el flujo del río Xingú. Con picos y palas los pobladores que están siendo desplazados por el proyecto cavaron un canal para restaurar el flujo natural del afluente.
En seguida, se reunieron sobre una formación de tierra para escribir las palabras gigantes “Pare Belo Monte”, con lo que envían un poderoso mensaje al mundo de exigir, en el marco de la reunión cumbre de Río de Janeiro, la cancelación del proyecto de Presa Belo Monte, que tiene un costo de 18 mil millones de dólares.
Los manifestantes plantaron 500 árboles nativos de açai, con lo que buscan estabilizar la orilla del río que ha sido destruida por obras iniciales de la represa. De igual forma levantaron 200 cruces en las riberas del Xingú, en honor a las personas que han muerto en defensa de la Amazonia.
También esa mañana, cientos de pobladores de Altamira realizaron una marcha a la sede del consorcio de la construcción de represas NESA. Las acciones forman parte de Xingú 23, serie de varios días de fiesta, debates y movilizaciones que conmemoran 23 años desde que las comunidades derrotaron el primer intento de construir la primera represa Belo Monte sobre el río Xingú.
Los habitantes se han reunido en la comunidad de San Antonio, una aldea de desplazados por las obras del consorcio, y en Altamira, la próspera ciudad de 130 mil pobladores gravemente afectada por el proyecto de represa.
Antonia Melo, coordinadora del Movimiento Xingú Vivo, dice: -Esta batalla está lejos de terminar, éste es nuestro grito —Queremos que este río siga con vida, esta presa no se construirá; nosotros personas que vivimos a lo largo de las orillas del Xingú, que subsisten del río, que beben del río y que sufren los proyectos más irresponsables de la historia de Brasil, exigimos: Deténgase Belo Monte.
Sheyla Juruna, líder de la comunidad indígena Juruna, afectada por la represa, dice: —El momento es ahora! El gobierno brasileño está matando al río Xingú y destruye la vida de los pueblos indígenas. Tenemos que enviar el mensaje de que no hemos sido silenciados y que este es nuestro territorio. Nos comprometemos a actuar bajo nuestro propio camino para detener la Presa Belo Monte. Vamos a defender nuestro río hasta el final!
Manifestantes y comunidades ponen de relieve la brecha que se abre entre la realidad y la retórica del gobierno brasileño sobre presas en el Amazonas al presentarlas como fuente de “energía limpia” para una “Economía Verde”.
Belo Monte es la punta del iceberg de una ola sin precedentes formada por 70 represas propuestas para la cuenca del Amazonas impulsadas por intereses políticos y económicos mezquinos, de consecuencias devastadoras e irreversibles para uno de los biomas más preciosos del mundo y de sus pueblos.
Una delegación de observadores internacionales y defensores de derechos humanos, a la que se agregó el actor brasileño Sergio Marone, de Drop of Water Movement, llegó para ser testigo y dar visibilidad a las acciones.
Programado para ser el tercer proyecto hidroeléctrico más grande del mundo, Belo Monte desviaría el 80% del flujo del Xingú a través de canales artificiales, inundaría más de 600 kilómetros cuadrados de selva, mientras desecaría un tramo de 100 kilómetros del río como el “Big Bend”, hogar de cientos de familias indígenas y ribereñas. Aunque se quiera convencer al público que generará “energía limpia”, Belo Monte produciría una cantidad enorme de metano, gas de efecto invernadero 25 a 50 veces más potente que el dióxido de carbono.
