Las Cuencas Hidrográficas ya son un Sistema Integral por si solas

En los meses más recientes, el discurso oficial del gobierno del Estado de Sonora, ha pasado de afirmar que vivimos una crisis de escasez de agua para asegurar que tenemos una sobreabundancia de la misma, sólo que mal distribuida. La campaña mediática que han orquestado dejó al descubierto su principal objetivo desde hace dos semanas, cuando presentaron de manera oficial el proyecto Sonora SI (Sistema Integral)*. Este “sistema” consiste en la construcción de cinco presas de abastecimiento en el sur del Estado, una desaladora en la Bahía del municipio de Guaymas y el encanalanamiento de algunos sistemas de riesgo en el Valle del Yaqui y el Valle del Mayo; con un costo aproximado de once mil millones de pesos, de los cuales el 43% serán participación de la iniciativa privada y el resto será contribución del gobierno federal estatal y los municipios involucrados en el proyecto.

No podemos negar que existe una crisis del agua, esto no es sólo un problema en el Estado, sino que tenemos una crisis a nivel global. La necesidad de buscar soluciones a esta problemática debe ser prioritaria para cualquier gobierno y se deben de construir las herramientas que impulsen políticas adecuadas para la gestión correcta del agua. Sin embargo, el Sistema Integral propuesto por el gobierno de Sonora, no sólo es un proyecto incapaz de garantizar agua a largo plazo, sino que parte de una idea desarrollista, antigua, que no toma en cuenta las diferentes variables actuales, que deben ser los ejes rectores de los gobiernos actuales, como son la justicia social y ambiental, el derecho a la información y la participación ciudadana.

Comencemos con el tema económico y la deuda que generará este megaproyecto. Sin entrar mucho en detalle sobre la participación de la iniciativa privada, que es la mayor inversión del proyecto y de cómo esto puede abrir las puertas a la privatización del agua en Sonora, tema que siempre está presente en las perspectivas de garantizar el líquido, mencionemos que este proyecto generará una deuda pública del Estado por aproximadamente cuatro mil millones de pesos. Si sumamos la deuda del Plan Sonora Proyecta (PSP) que es de cinco mil millones de pesos, entre las dos sumarán nueve mil millones de pesos, esto la deuda en bruto, sin contar los intereses, remanentes y revolventes que generan este tipo de deudas.

El Sistema Integral plantea la crisis del agua como una mala distribución de la misma. Si vemos esta perspectiva como la correcta, el proyecto tiene mucho sentido. Sin embargo la crisis del agua es mucho más compleja. Es una problemática histórica de un mal manejo de los recursos hídricos y una política hídrica basada en la extracción de los recursos naturales más allá de las capacidades de los propios ecosistemas. Continuar con estas políticas, no sólo es irresponsable, sino ingenuo y lejos de las necesidades actuales, no sólo de los seres humanos, sino de los propios ecosistemas que necesitan estar en equilibrio. En resumen, el SI no tiene un fundamento actualizado, sino se basa en una política con más de treinta años de antigüedad, totalmente obsoleta.

Continuemos ahora con las presas. En los últimos veinte años, con la formación de la Comisión Mundial de Represas, organismo multidisciplinario formado para emitir recomendación sobre la viabilidad de la construcción de presas y que dicta una serie de recomendaciones basadas en estudios serios y bien fundamentados, la información de los impactos negativos de las presas, desde las hidroeléctricas como de abastecimiento, es contundente. Entre ellos está el desplazamiento al que son forzadas comunidades humanas y silvestres al construir presas. La información tiene bases sólidas para decirle “no” a una presa. Su construcción significa un desequilibrio en los ecosistemas riparios y río abajo en los deltas de los ríos que conforman una cuenca. Si a esto le sumamos que dichas construcciones contribuyen en un ocho por ciento las emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI), causantes principales del calentamiento global y que de seguir construyéndolas esta cifra puede aumentar, tenemos que las presas no son una solución ambientalmente responsable y que pueden en mediano plazo, contribuir más al deterioro ambiental.

Partiendo desde estos estudios, tanto la Unión Europea como los Estados Unidos han reforzado sus políticas en cuanto al tamaño, la capacidad y los materiales de construcción de las presas, siendo España el ejemplo más significativo al prohibir la construcción de nuevas presas, tanto para generar energía como para abastecimiento. La construcción de cinco nuevas presas, como lo plantea el Sistema Integral, contradice las políticas ambientales que son el eje rector en muchos países y que deberían de ser igual en el nuestro. Al contrario, se está poniendo en riesgo un ecosistema muy desequilibrado por el uso intensivo de la producción agropecuaria, como lo es la zona riparia y en consecuencia los deltas. Los ríos llegan a los mares por una razón, que tiene su fundamento principal en el ciclo vital del agua y no como dicen por ahí, “agua no usada, es agua desperdiciada”. Los mismos argumentos podemos usar para el acanalamiento y encementado de algunas zonas de los ríos y presas. El agua desperdiciada por los agricultores es debido al manejo y tipo de cultivo que tiene esta industria en la región, acanalar y encementar el agua, sólo desequilibra aún más el ciclo del agua, poniéndolo en riesgo, disminuyendo la precipitación y aumentando la crisis debido a la escasez.

En cuanto a la desaladora el mismo gobierno ha reconocido, ante las pocas voces que se han escuchado contra el Sonora SI, que es un proyecto inviable por los altos costos que implica desalar y transportar el agua, sin embargo, dentro del Sistema Integral, se contempla su construcción. Otra contradicción más del proyecto.

De igual forma que los sistemas riparios son los responsables de la captación y cosecha de agua en las cuencas debido a su vegetación y demás recursos bióticos, estos mismos contribuyen a mantener la precipitación en equilibrio. Una cuenca deforestada es una cuenca donde lloverá menos que en una cuenca en equilibrio. De igual forma los humedales marinos, zonas perfectas para la construcción de las desaladoras, tienen una contribución a mantener los océanos sanos. El impacto negativo de una desaladora se siente no sólo en el tema ambiental y geográficamente en una gran parte del mar, sino también tiene un impacto en la economía de los pueblos que viven de la pesca, pues al perder zonas de humedales, se pierden especies de valor económico y de uso humano. Si a la desaladora le sumamos las cinco presas podemos hablar de un declive en la precipitación ya de por sí escasa en el Estado. Esto significa menos lluvia y por consiguiente menos agua.

El Sistema Integral que abandera el gobierno del Estado y avalado por la Comisión Nacional del Agua, no es un sistema integral. En este momento es difícil hablar de violaciones a las leyes ambientales y de agua del país, pues aún se encuentra en fase de proyecto. Sin embargo, es irresponsable y contradice las investigaciones y tendencias actuales de un manejo integral de cuencas, de mitigación y adaptación al cambio climático y políticas responsables social y ambientalmente.

Hablar de un proyecto que garantice agua para toda la población del Estado de Sonora, incluyendo la vida silvestre; tiene antes que nada que involucrar a todas las cuencas del Estado, convertir en política pública la gestión de cuencas, cambiar los patrones de cultivo. En vez de buscar aumentar las hectáreas cultivables, como se hace actualmente, la política pública debe optimizar las que ya tenemos, mediante la reconversión agrícola y dejando el monocultivo. Elevar el derecho al agua como un derecho humano fundamental.

Entendamos que las cuencas son ya de por sí un sistema integral y con sólo recuperarlas nos garantiza agua para todos en corto, mediano y largo plazo. Ésta es una visión correcta de manejo del agua, sin necesidad de aumentar la deuda e involucrando a la ciudadanía en el manejo.

Los proyectos de relumbrón como lo fue el PSP en la administración pasada y ahora el Sonora SI, sólo generan más deuda social, económica y ecológica, que a la larga pagamos todos y en tiempos de jaque ambiental como los que vivimos actualmente, todos significa TODOS.

El NO al Sonora SI, está fundamentado en un “sí” al manejo integral de cuencas. Existen muchos ejemplos de su funcionalidad y la gente capaz de ponerlo a funcionar. Sólo falta la voluntad política de llevar la gestión a un gobierno que no esté sólo interesado en verse bien ante los medios y que no anteponga el bien común ante los beneficios de unos cuantos.

Jorge Tadeo Vargas

jtadeo@riseup.net

Coordinador de la Red Jubileo Sur México
Miembro del Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos
Miembro de Marea Creciente México.

*Para fines de este texto al hablar de “Sistema Integral” nos referimos al proyecto del Gobierno de Sonora, al hablar de “sistema integral” nos referimos a lo que en verdad significan estas palabras.